el robo en la Puebla de los enaciados(escrito por Antonio Camacho Rodriguez)
El 2 de diciembre de 1608, en la villa de La Puebla de Naciados Francisco
Hernández, alcalde ordinario, informa que el día 1 del mes corriente se
robaron en la Iglesia de Santiago tres cruces y unas vinajeras de plata,
junto a otros efectos.
Las causas que motivan el robo se dirigen al descuido y falta de interés del
mayordomo y del sacristán de la Iglesia. Ya que el mayordomo tenía la obligación
de depositar en su casa la plata y el sacristán de llevarla, sin embargo la plata
llevaba más de un mes en la Iglesia.
Se hizo cierta información donde se culpó al mayordomo de la iglesia, y
surgieron otros indiciados que fueron presos, pero puestos en libertad por no
haber pruebas.
Las iglesias en este contexto rural no solamente se convirtieron en centros
dogmáticos y de reunión de los vecinos, para creer en la salvación de las almas,
y celebrar fiestas de sus santos patronos, sino que también atesoraban dinero,
oro, plata, joyas, obras de arte, ornamentos, y que estaban custodiadas y
resguardadas, porque el mero hecho de pensar en robarlas se consideraba un
sacrilegio penado con la excomunión.
Pero al realizarse otras pesquisas resultó culpado Domingo Caravallo, que fue
preso y se le toma confesión. Se le notifica a Alonso Gil de Juan Gil, alcaide de la
cárcel de la villa de Alía para que le tenga a buen recaudo, en su cárcel. Pero el
reo se escapó, y se prende al dicho Alonso Gil de Juan Gil, a Francisco González
Santos y a Antonio García como cómplices de la fuga. Se les toma confesión y se
deja libre a Antonio García.
Marcos Rodríguez, en nombre de doctor Juan Pérez Yagüe, cura y mayordomo
de la Iglesia de Santiago de la Puebla de Naciados comparece ante el licenciado
Juan Bautista Franquis, alcalde mayor de la Puebla de Naciados y presenta una
querella criminal acusando a Alonso Gil, el viejo, alguacil y carcelero de Alía que
habría quebrantado o roto las puertas de la Iglesia de Santiago y hurtado y
robado las tres cruces y unas vinajeras de plata que pesaban más de 30 libras de
plata.
Alonso Gil se había llevado las piezas a Alía para que Domingo Caravallo,
herrero, las deshiciese y fundiese en barras y planchas, según averiguó la justicia
de la villa de Alía.
Por tanto, se prendió a Domingo Caravallo y se le da preso a Alonso Gil, alguacil
y carcelero, que le puso unos grillos tan viejos y anchos que el reo se pudo
escapar.
El doctor Yagüe solicita al alcalde mayor justicia y que condene a Domingo
Caravallo en sus bienes y en su persona en una cantidad de 1.000 ducados, el
valor de la plata, y en 400 ducados por las costas personales y procesales que se
realizaron en Madrid y en Granada.
El alcalde mayor Juan Bautista Franquis ordenó que se trasladase la petición de
doctor a la parte contraria, y se notificase a Lucas García, y que Alonso Gil
estuviese preso y a buen recaudo.
También, Marcos Rodríguez, en nombre del doctor Juan Pérez Yagüe presentó al
alcalde mayor Franquis otra querella contra Francisco González de Santos, aduce
que Alonso Gil, el mozo, acompañado de otros cómplices, rompieron la puerta
de la Iglesia de Santiago y cometieron el robo de las 30 libras de plata, sin contar
el oro y sus hechuras.
Lo traslada a la villa de Alía, fundiéndolas las cruces y las vinajeras e hizo barras
y planchas, y lo estuvo escondiendo en distintos lugares y entre las personas que
lo habían ayudado, como fue el caso de Francisco González de Santos, que sabía
del hurto,
Aparte que había visto las barras de plata, que estaban en la caballería de María
López, su hermana y asesoró a Alonso Gil para que escondiese la plata en su casa.
Solicita al alcalde mayor que se le embargue la plata y que se le condene en el
pago de 1.000 ducados y en 400 reales por gastos y costas, más que le pusieran
preso.
El alcalde mayor Franquis mandó dar traslado de la petición a Francisco
González de Santos, y que se notificase a Lucas García, alguacil y alcaide de la
cárcel de la Puebla de Naciados para que le pusiese preso y a buen recaudo, y se
notifica a ambas partes.
Marcos Rodríguez, en nombre del doctor Juan Pérez Yague presentó otra
acusación al alcalde mayor Franquis contra Antón García, que también ayudó a
esconder la plata y se la llevó a Francisco Serrano, platero de la dicha Puebla de
Guadalupe para que hiciese unas medallas e imágenes del retrato de Nuestra
señora de Guadalupe, y también tenía la demás plata que faltaba o sabía quién la
tenía.
Por lo tanto fue cómplice del robo de Alonso Gil y pide que se le condene en sus
bienes y en su persona, en 2.000 ducados y en 400 reales por las costas y que como
estaba en libertad que le mandaran poner preso.
El alcalde mayor Franquis ordena trasladar y notificar la querella a la otra parte.
Marcos Rodríguez, en nombre del doctor ante el alcalde mayor se querelló
también criminalmente contra Fernando Sánchez de Rodrigo, escribano de la
villa de Alía.
El escribano y el alcalde ordenaron dar mano libre a los reos y entorpecieron las
diligencias y averiguaciones, así de las 30 libras de plata solamente se hallaron
13, el resto se presumía que lo habían ocultado entre ellos.
Así, a Fernando Sánchez de Rodrigo se hallaron en su poder muchos granos de
la dicha plata, que se los dio a Juan Manrique, su cuñado que los envió a la Puebla
de Guadalupe a Antón García, su cuñado para hacer medallas e imágenes de la
Virgen.
Solicita al alcalde Franquis que se le condene en 1.000 ducados y en 400 reales de
costas, que manda que se traslade y se notifique, a la otra parte.
Posteriormente, Alonso Gil, el mozo, fue preso y se le toma confesión y por ser
menor fue proveído de curador. El condenado se ratificó en haber cometido el
delito, y el doctor le puso una acusación en forma. Por tanto, Alonso Gil
respondió a la acusación y alega justicia.
Francisco González de Santos, escribano de la villa de Alía acude ante el alcalde
mayor y respondiendo a la acusación del doctor Yagüe solicita quedar en libertad
y que se condene las costas a la parte contraria.
Ya que negaba la mayor, y entendía que de los autos y el sumario no resultaba
culpable ya que era hombre honrado y principal de buena vida, fama i costumbres
.
Alega que cuando ya se había cometido el delito había informado a las justicia
para recuperar la plata y prender al autor del robo. Así se había registrado toda
la plata y el autor del robo ya estaba en galeras, y que no faltaba nada de la plata,
que a él le pesó 13 libras y unas onzas. Solicita al alcalde mayor que le ponga en
libertad, y pide justicia. El alcalde mayor mandó dar traslado a la otra parte y se
notificó.
No tardó la respuesta a la querella contra Antonio García, que presentó una
petición ante el alcalde mayor respondiendo que había sido absuelto y libre, y
que contra el en su interrogatorio no había indicio alguno que le hiciera culpable.
Aduce que se le había agraviado y que estaba preso. Informa que Juan Manrique
hombre rico y principal, le había dado siete u ocho granos de plata para que le
hiciese unas imágenes o medallas de Nuestra Señora de Guadalupe, y se las dio
a Juan Serrano, platero el cual hizo unas medallas pequeñas que pesaron como
una onza cada una y que se las envió a Juan Manrique.
Teniendo noticia de lo que estaba ocurriendo fue a la villa de Alía y había pedido
a Juan Manrique que declarase lo que había pasado, el cual lo hizo bajo
juramento.
Declarándose
hombre honrado, rico y principal, que xamás avía tenido trato ni conoçido
al dicho Alonso Gil ni a Domingo Caravallo, ni a los demás culpados y buen cristiano que
de su persona no se podía presumir semexante cosa.
Suplica al alcalde mayor que le deje en libertad de la acusación y condena a la
parte contraria en costas y días de su prisión, estimados en dos ducados cada día.
Por lo tanto pide justicia, y que le suelten bajo fianza y requisitoria para hacer su
probanza. El alcalde mayor dio traslado a la otra parte y se notificó.
Alonso Gil de Juan Gil, carcelero de la villa de Alía, apareció ante el alcalde mayor
y presentó una petición aduciendo que se le dejara absuelto de dicha querella
porque no había intervenido en la fuga del preso, ya que se había ausentado y
habían quebrantado la cárcel rompiendo las prisiones, y no se pudo prevenir
porque era una cárcel abierta, sin calabozos y sin redes (rejas).
En su descargo alega
y porque era hombre honrado, temeroso de Dios y de su conçiençia
y que avía usado el dicho oficio bien i fielmente con mucha retitud y negava lo que en
contrario se deçía en la dicha acusación.
Y porque al tener la requisitoria había ido en busca de Domingo Cravallo para
prenderlo, sin embargo halló en el campo de la villa de Alcocer a Alonso Gil,
autor del robo, y lo prendió.
Sobre Domingo Caravallo declara que era tan pobre y miserable, viejo, que no podía
pagar de su persona y bienes cosa alguna.
Solicita que se le absuelva de la querella y que se le suelte bajo fianza, pidiendo
requisitoria con inserción de su interrogatorio. El alcalde mayor mandó dar
traslado y que se notificase a la parte contraria.
Ahora le toca el turno a Fernando Sánchez de Rodrigo, escribano público de la
villa de Alía, que presenta ante el alcalde mayor Juan Bautista Franquis una
petición para que se le ponga en libertad, y se condenen las costas a la parte
contraria, por lo contenido en su confesión.


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